Las santas escrituras dispusieron:
“Amar al prójimo como a
ti mismo”,
Pensando con mirada de
género,
Nosotros simplemente decidimos:
Amar a la prójima sin
eufemismo.
Las santas escrituras dispusieron:
“Amar al prójimo como a
ti mismo”,
Pensando con mirada de
género,
Nosotros simplemente decidimos:
Amar a la prójima sin
eufemismo.
Sabía, por motivos
ancestrales,
que las mujeres
eran ideales,
casi sagradas,
siempre intocables,
figuras de los
sueños, inmortales.
Mas, Ella demostró
que eran reales,
al alcance de las
manos, tan mortales,
con risas, con
dolores, vulnerables,
y en su verdad
hallé dones vitales.
No diosas, no alta
imagen venerada,
sino presencia
humana y cercana,
materia-espíritu que se ama.
Así cayó la
máscara sagrada,
y en su mirar la
vida se desgrana:
mujer de luz, tan
simple y tan humana.
Figura de cuentos, cuevas y tardes
asoma ligero, es muy discreto
con pasos pequeños se asoma a los mares
dejando huellas de su andar secreto
Estira piernas bajo cielos grandes
se entrega al sueño junto al viento quieto
y vuelve al huerto con sus artes raras
robando frutos con su salto inquieto
Arrasa tomates, verdes calabazas
no roba por hambre, solo es un juego
pues guarda historias viejas en su seno
Es sombra antigua que la luna abraza
un mito errante que se alza en fuego
en cada huerto llena su regazo
Brotaron presurosas las alegres codornices
volaban por los campos y corrían por las calles
cantaban con el viento sus sonoros detalles
¿dónde fueron aquellas criaturas tan felices?
El gallo de la parva lucía su plumaje
alzaba la cabeza mostrando su linaje
ni la lluvia ni el viento jamás lo doblegaba
se perdió de repente con toda su parvada
No esperaron que terminara la construcción,
sencillamente se instalaron en la habitación,
la hicieron suya sin la menor preocupación,
la invadieron sin comunicar su resolución.
Colgaron su casa de un alambre,
la madre declaró su hogar inalterable,
mostró su enojo a los intrusos
con vuelos rasantes,
temibles, inconclusos.
Dos infantes brotaron de realenga cuna,
literalmente salieron del cascarón,
y la señora colibrí festejó ruidosa
tomando el néctar de flor en flor.
Las santas escrituras dispusieron: “Amar al prójimo como a ti mismo”, Pensando con mirada de género, Nosotros simplemente decidimos:...