La casa del colibrí

 No esperaron que terminara la construcción,

sencillamente se instalaron en la habitación,

la hicieron suya sin la menor preocupación,

la invadieron sin comunicar su resolución. 

 

Colgaron su casa de un alambre,

la madre declaró su hogar inalterable,

mostró su enojo a los intrusos

con vuelos rasantes,

temibles, inconclusos.

 

Dos infantes brotaron de realenga cuna,

literalmente salieron del cascarón,

y la señora colibrí festejó ruidosa

tomando el néctar de flor en flor.

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